martes, 25 de junio de 2024

23Flores

 

Alguien con quien avanzar de la mano. El abrazo permanente, invisible para los demás, pero imprescindible para mi. La complicidad y la confianza ciega, tan necesaria. Los ojos y el alma transparentes, imperfectos como la vida y esenciales como el agua. La salvación. Alguien que sepa que no eres de chocolate pero te deje una bolsa de chuches en la puerta de casa cuando más te hace falta. El azúcar moreno que todo el mundo necesita, aunque no lo sepan, porque bendito azúcar. La máquina 24 horas de madrugada. El mar y todas sus marusías. Alguien que te escuche cuando nadie te oye y que mire lo que nadie ve. La que en sueños me acoge. Mi orgullo y mi saco de boxeo. Los días de lluvia. Los de sol. Los buenos y los malos. Mucho más que tener suerte.

Si cierro los ojos y pienso en ello, aparece ella.

jueves, 20 de junio de 2024

Luces y sombras

Querernos como somos y no como nos gustaría que fueran. ¿Y lo paradójicas que llegan a ser las relaciones bonitas? Conoces a alguien especial, se vuelve especial por cómo te hace sentir, por sus cualidades, por las luces que proyecta en tus sombras. Cuando todo eso ya forma una parte importante de ti, son sus sombras las que opacan sus luces. Y cuando la sombra es demasiado grande, llega a doler, puede ser tan poderosa que pareciera no existir el sol. 

Por eso, cuando sientas que necesitas algo que no te dan, cuando pienses que ojalá fuera como tú quisieras que fuera, cuando se vuelva costumbre, cuando necesites una atención que no llega... Cuando todo eso ocurra, recuerda todas las luces que la hicieron especial. Y no dejes jamás que vuestras sombras opaquen vuestra magia. 


Hasta los faros proyectan sombras si los ves desde la perspectiva incorrecta. 

domingo, 31 de diciembre de 2023

31 de diciembre

 

No son mis preferidas pero, al fin y al cabo, son fechas especiales, idóneas para recordar a la gente que se quiere, que la quieres.


El primero fue único, la pandemia, que eso vale por diez. Después la resaca ¡ay, cuánto nos enseña!. El tercero fue el asentamiento, el querer maduro. Y ahora la consolidación. No son muchos 31 ni muchos diciembres, pero son los primeros de muchos más. Ha sido bonito.
Dos caminos en compañía, la justa, dando pasitos. Reconstruyendo, sanando y aprendiendo. Respetando grietas y abrazando luces. Ser pareja sin serlo. Cariño, admiración, seguridad y descubrimiento. Valentía y generosidad. Risa, refugio, faro. Ser de luz, de esos que aunque se apaguen, tienen la capacidad de iluminar.


Dicen que somos de donde quremos ir corriendo a contar una buena noticia.

lunes, 19 de junio de 2017

UNA FLOR EN SEPIA ENTRE LAS FLORES.

Era una primera vez apasionante. De esas que hacen de la noche, una noche de reyes de un niño inocente, nervioso por lo que se va a encontrar a la mañana siguiente.

El invierno dejaba paso al mes de las mariposas y del sabor de los chuchameles camino a la escuela. “Aí ven o maio de flores cuberto”, cantaba Curros Enríquez.

Flores, eso fue lo que me encontré en aquel pequeño rincón. Y qué bello olor. Las había de todo tipo y colores. Rosas, amarillas, margaritas y geranios. Rojas y blancas. Orquídeas, tulipanes y narcisos. Y entre todas ellas, tú. Un mundo en sepia.

De eses que solo los buenos fotógrafos aprecian. De esas que destacan entre las flores con luz propia. Simple, como un trozo de papel impreso. Llena, como solo la naturaleza lo está.
¡Ay, qué bonito es sacar de ti! Tanto valor dentro… Como esas fotografías de los tesoros, también en sepia, que tanto guardan. Tesoros, digo abuelos.

El misterio del que todo el que quiere aprende.


Ellos, el jardín. Tú, la flor. Nosotros el sol, el agua y el oxígeno. 

domingo, 14 de junio de 2015

Algunos golpes de la vida

te dejan fuera de combate, como un derechazo directo a la mandíbula, son golpes inesperados que te hacen madurar de repente. Desencantos, pérdidas, traiciones… La ingenuidad se acaba cuando te encuentras cara a cara con cosas que te despiertan ya para siempre. Cosas como el orgullo, que nos impide dar el más mínimo paso hacia el perdón, levantando un estúpido muro entre nosotros y los que más queremos, o la codicia, que tan expertos somos en disfrazar usando todo tipo de buenas y respetables razones. Así era el mundo en que yo acababa de ingresar, el de los adultos, un mundo en el que la inocencia de la infancia deja paso a la soberbia, los problemas, los malentendidos y la defensa de los intereses de cada uno, aunque para ello, a veces, tengamos que pagar el peaje de la soledad o el de la mentira, en la que algunos viven permanentemente instalados, engañándose a sí mismos y, lo que es peor, a las personas que de verdad les quieren. Una mentira que quizá por sucia y traicionera es el peor de nuestros defectos, sobre todo cuando esa mentira mata al amor, porque al final, es lo único que tenemos, y si también el amor es mentira ¿qué nos queda?

Aquel día, en aquella calle, viendo a Julia de la mano de otro, aprendí que el amor también está hecho de dolor y que se puede decir nunca te olvidaré, cuando ya te han olvidado. Maduré y aprendí hasta el punto en que, en otro tiempo, en otra calle, yo hice lo mismo; porque así es la vida, y así lo aprendemos todos alguna vez. 

Cuéntame cómo pasó.

lunes, 18 de mayo de 2015

Fermín Romero de Torres

         Precisamente la chica por la que había aprendido que no todas las relaciones que parecen ser para siempre lo acaban  siendo, la chica que había sido tanto y ya no era, fue quien, celebrando un aniversario en el que auguraba pasar muchos más a su lado, le había obsequiado con la sabiduría que Fermín Romero de Torres, el erudito, había plasmado en aquellas hojas de papel para enseñarle cientos de lecciones. Y no, el augurio no fue cierto, y de eso también sus ojos color avellana aprendieron. Quizás mucho.´

         Y así es cómo Fermín, a los dieciocho años, a punto de madurar le enseñó que, a veces, para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas y que si se hubiera parado a pensarlo, hubiera comprendido que su devoción por Clara no era más que una fuente de sufrimiento, y que quizás por eso la adoraba más, por esa estupidez eterna de perseguir a los que nos hacen daño.

         Los regalos se hacen por gusto del que regala, no por mérito del que recibe, decía también Fermín. Y a falta palabras, me mordí la voz. Todo sabiduría. Cuánto me ha enseñado.

         Y prosiguió: La televisión es el Anticristo  y le digo yo que bastarán tres o cuatro generaciones para que la gente ya no sepa ni tirarse pedos por su cuenta y el ser humano vuelva a la caverna, a la barbarie medieval, y a estados de imbecilidad que ya superó la babosa allá por el pleistoceno. Este mundo no se morirá de una bomba atómica como dicen los diarios, se morirá de risa, de banalidad, haciendo un chiste de todo, y además, un chiste malo.

         La humanidad. Mala no, imbécil, que no es lo mismo. El mal presupone una determinación moral, intención y cierto pesimismo. El imbécil o cafre no se para a pensar ni a razonar. Actúa por instinto, como bestia de establo convencido de que hace el bien, de que siempre tiene la razón y orgulloso de ir jodiendo, con perdón, a todo aquel que se le antoja diferente a él mismo, bien sea por color, por creencia, por idioma, por nacionalidad, o como en algunos casos por sus hábitos de ocio. Lo que hace falta en el mundo ese gente mala de verdad y menos cazurros limítrofes.

          “No hace falta que le invite a mi casa, padre, se invita a los extraños. Usted puede venir cuando quiera”. Siempre recuerdo aquel pequeño discurso que me erizó la piel. Tan escueto como elocuente. Así era Fermín a pesar de que las palabras con que se envenena el corazón de un hijo, por mezquindad o por ignorancia, se quedan enquistadas en la memoria y tarde o temprano queman el alma. Aunque todo parece desaparecer cuando lo oscuro se acerca. Ahí ya no importa la mala sangre que pudiera haber entre dos personas que se hicieron daño. La muerte tiene estas cosas: a todo el mundo le despierta la sensiblería. Frente a un ataúd, todos vemos sólo lo bueno o lo que queremos ver. Eso es lo único a lo que uno no llega nunca a acostumbrarse, el momento en que los allegados vienen a identificar el cuerpo de un ser querido. De todo lo demás, se aprende.

         Alguien dijo una vez que en el momento en que te paras a pensar si quieres a alguien, ya has dejado de quererle para siempre. Hay pocas razones para decir la verdad, pero para mentir el número es infinito. Nunca te fíes de nadie, especialmente de las personas a las que admiras. Y a su amigo mejor amigo le dijo aquel “él día que me muera, todo lo mío será tuyo. Menos los sueños”. Y de eso, también he aprendido. Y consérvalos, nunca sabes cuándo te van a hacer falta –añadió.

         Cuando, sin esperarlo, un día empezaba a recordar a todos aquellos amigos con los que había pasado la infancia, venían a mi cabeza sus sabias palabras, y es que Fermín, tenía lecciones para todo. Pese a todo lo que pasó luego y a que nos distanciamos con el tiempo, fuimos buenos amigos. Incluso él. Siempre creí que íbamos a ser inseparables, pero la vida debe de saber algo que nosotros no sabemos. No he vuelo a tener amigos como aquellos, y no creo que los vuelva a tener.

         Muchos deciden adoptar la filosofía del carpe diem, él, en cambio, adoptó la suya propia. La vida pasa volando, especialmente la parte que vale la pena vivir. Así era Fermín, y así eran sus amores. Jóvenes. Tenía diecisiete años y la vida en los labios. Él quería de verdad, y los que quieren den verdad lo hacen en silencio, con hechos y nunca con palabras. Un célebre en cuestiones de corazón, eso era Fermín. Quizá me quería, a sua manera, como ya la quise a ella, a la mía. Pero no nos conocíamos. Quizá porque yo nunca la dejé conocerme, o nunca di un paso por conocerla a ella. Pasamos la vida como dos extraños que se han visto todos los días y se saludan por cortesía –contaba con un brillo  en los ojos que hablaba por sí solo.

         Hablar es de necios; callar es de cobardes; escuchar es de sabios. Nadie mejor que él para comprender a los que quieren ser escuchados. No le dijo nada a nadie. No tenía a quien. La mayoría de nosotros tenemos la dicha o la desgracia de ver cómo la vida se desmorona poco a poco, sin que nos demos casi cuenta. Y cuando hubo de enfermar, el doctor lo diagnosticó: “Le podría decir a usted que es el corazón, pero lo que lo mata es la soledad. Los recuerdos son peores que las balas”. Hay peores cárceles que las palabras. El tiempo le había enseñado a no perder las esperanzas, pero no a confiar demasiado en ellas.

         Luego se acordaba de la guerra y de que quienes la hacían también habían sido niños. En aquellos días aprendí que nada da más miedo que un héroe que vive para contarlo, para contar lo que todos lo que cayeron a su lado no podrían contar jamás. A mí me gusta pensar que el tiempo nos arrebata a los amigos de la infancia porque sí, pero no siempre me lo creo.

         “Lo difícil no es ganar dinero sin más, lo difícil es ganarlo haciendo algo a lo que valga la pena dedicarle la vida.”  Así fue como Fermín se despidió, el maestro erudito que decidió dedicar la suya a mejorar la de los demás.

Gracias Fermín.

viernes, 2 de enero de 2015

En negativo, un año menos.

            Que aunque los de verdad continúan siéndolo toda la vida, aunque solo sea porque se han ganado ese derecho, sin haches ni bes, son los que duelen. Los demás hieren y se curan. Que echar de menos es duro, pero peor es saberlo de antemano. Es un mecanismo extraño, lo tienes y de repente no. Y de repente lo añoras, y de repente te sientes bien. Pero vuelve la racha de la necesidad. Y los vuelves a echar de menos. Y vuelve el miedo a echarlos de menos para toda la vida, aunque sea a rachas. Ocurre lo mismo con los besos.
            Abraza, abraza todo lo que puedas, de verdad. Cuando eches de menos y los de verdad no estén, piensa en los abrazos, en su colonia, en sus besos. Y en los de él, o ella. Seguramente encuentres alguno que te haga respirar profundo.
            Que lo difícil no son las distancias, si no mantenerse cerca. Que tan importante es afinar la cabeza y el querer, como el corazón y el poder. Que las guerras hay que saber perderlas, y que en ellas, no todo vale. Que lo esencial es invisible a los ojos. Que debes darte cuenta. Que no tengas miedo. Todo es cuestión de prioridades, aunque no siempre sean claras. Que nada peor que la envidia y que ay, los celos. Que preocúpate, y siéntete, pero vive, vive siempre. No te olvides de vivir. Que dan igual los otros, que lo mejor es la sana conciencia. Que ya que a veces pecamos sin intención, aprende a perdonar sin condición. Que maldito mundo social. Que ay whatsapp, qué daño. Que soy yo, por qué tú, por qué yo no, por qué ellos, y ellas. Por qué vosotros. Que solo se comprende cuando uno lo necesita. El perdón, digo. Deja atrás, y adelante.
            Solo llegando a lo más alto se puede ver lo más lejos. Solo estando en lo más bajo… Eso ya es más complicado. Has tocado fondo dicen. Si tocas, no queda otra que despegar, una y otra vez. Y despega siempre que puedas. Todas las veces.

            Y si es necesario, encenderemos el motor a mano, con cuerda o simplemente a coraje. 

lunes, 17 de noviembre de 2014

Coidareite sempre que poida

      Co noso Celtiña, nun mundo salvaxe con melodía de Cat Stevens, nun pobo esquinado e nunha cidade preta. Comendo palomitas de millo, facendo mil e un traballos, compartindo días insipirados e outros non tanto;que unha non, pois a outra. Perfeccionándoo todo, sacando comas e poñendo puntos. Días malos ó carón dunha Estrella Galicia, convertindo as medias horas en horas enteiras. Cos nosos amigos, ou sen eles. Abrindo armario, conquistando o paladar a modo de menú de estudiante. Contando o pasado, vivindo o presente, acompañándonos no futuro. Sobre xeo, na calima afriacana, sobre as augas, baixo a romana calor, coa peculiaridade da sucia cidade, e sobre catro rodas probando o aslfato. Marea Negra Nunca Máis, o ensino en loita, cantas molladuras miña amiga, cantas. Que non falte unha boa baralla, ou ese cogumelo que tanto no fixo desvariar. O zumo da pastalería que non falte os venres de mañá, ou os xoves, ou… Cantas sorrisas me sacache, canto por agradecer. Os ollos nunca nos mentiron, que a bo entendedor, poucas palabras bastan. Polos días de terapia, polos vintetantos, polas crises de parella, polo de verdade. Ai Compestela, canto me deches!
     Que estes anos non son nada se pensamos nos que no quedan. Polo malo e polo bo, polo que foi e polo que será, por nós, pero sobretodo por ti, a quen Eric Clapton dedicou unha canción. 

     As cousas importantes da vida, non son cousas.
  

viernes, 1 de agosto de 2014

Porque por fin nos encontramos,

Porque al fin y al cabo,
más vale tarde que nunca.

Porque ojalá más,
y ojalá siempre.

Porque aunque tarde y poco,
intenso.

Porque ha nacido,
y vivirá.

Porque es joven,
y juventud, divino tesoro.

Porque nació en el océano,
y ojalá muera lejos.

Porque ojalá volvamos a vernos,
más pronto que nunca.

Porque al fin y al cabo,
ojalá.


martes, 1 de abril de 2014

Un café en mesa redonda

            “Cuanto más se quiere, más te enfadas”, escuché un día. Esto será lo mismo, pensé, si no se quisieran se irían a resolver el mundo tomando un chato, y no era el caso. Seguramente si le preguntamos a nuestros sabios abuelos ese sería su sabio consejo, pero los chatos han pasado de moda, ahora se llevan los cafés a la americana; uno con leche para llevar, por favor.

            Los cafés se toman en mesa redonda, de toda la vida, y se habla mientras se enfrían, y se toman calientes mientras se habla. Entonces me pregunto qué podrán tener en común dos personas que se quieren, se enfadan y toman café en mesa redonda. Como la moda es el postureo, muchos dirían que lo único en común es la instafoto, pero haciendo alarde del optimismo que tanto reclaman los malos tiempos, seguramente exista una respuesta mejor.

            El amor que se profanan dos personas sentadas ante una mesa redonda, en un lugar hecho para hablar, es tan eterno y puro que a veces duele. Habita en corazones complejos y en abrazos sinceros, de esos que, como dice el de Úbeda, solo calan los que no se dan.

            Con él había sufrido como nunca hubiera imaginado, pero también había conocido lo mejor de la vida. Quizás la mesa redonda entendía demasiado de cafés, de los que se toman mirándose a los ojos, diciendo lo siento, queriendo recuperar lo perdido. Con los ojos brillantes, por todos era fácil aventurar otro café; otra cita entre mujeres que se habían prometido no fallar.

Por el momento:
un vozka con hielo, por favor. 

viernes, 24 de enero de 2014

Mi otoño 21

                                                                                                                        
Habían pasado ya veintiuna primaveras desde lo que muchos recuerdan como el año del “naranjito”. Nadie me dijo entonces que los otoños podían llegar a ser como las primaveras. Mi otoño veintiuno habría de ser uno de ellos.

            El verano acababa y se daba paso al mes de los “volver a empezar”, al mes de los libra,  al tiempo de castañas y a los “cambio de armario”. El otoño llegaba con sus hojas caídas convertidas al color café.

Estaba algo nerviosa, es posible que la noche anterior no conciliase el sueño profundo. Siempre impone enfrentarse a nuevas situaciones. El reloj marcaba ya algo más de las 9:30 a.m. cuando nos conocimos. No recuerdo cuál fue mi primer pensamiento, pero si cuál fue la primera sensación. Esas inocentes sonrisas lo decían todo. Aquella experiencia estaba destinada a quedarse en mi memoria para siempre.

En esta sociedad que a veces parece perder el rumbo, que personajes con apenas siete años de vida pitasen de color mi otoño veintiuno, ha sido estupendo.

¿Y qué decir de esa persona que os prepara para la vida del mañana? Un otoño sin verano, invierno ni primavera no sería un otoño. Y como es de bien nacidos ser agradecidos, gracias por todo lo que me has enseñado.

Seguramente, ahora mismo no entendáis muchas de las cosas que aquí os cuento. Para cuando lo hagáis, yo seguiré acordándome de esos niños y niñas que pintaron el arcoiris al otoño de 2013.

No dejéis nunca que nadie apague vuestra risa.

                                                                                                                             A.                                                                                          

jueves, 2 de enero de 2014

Que qué bueno tener (os) (te)

Que no hay supersticiones. Que si la vida  te da amor, acógelo. Que compartir es más. Reta a un pulso al tiempo. Que recordar es bueno si es con amigos. Que diez años no son nada cuando queda toda una vida. Que a los miserables ni agua. Que ay, qué buen cine. Que si te caes, te levantas. Que nada mejor que ser maestra. Que ay, el egoísmo. Que la paciencia es mejor virtud. Que importa la intención.Que vale la pena. Que lo imposible se consigue. Que cree en ti mismo. Que no olvides de dónde vienes. Que qué ojos tan bonitos. Que adiós 2013. Que qué buen año. 



Mexico lindo. Cine Clásico. Grey’s Anatomy. Neve en Compostela. Tornado en A Guarda. Prácticum II. Cuchipus. Vilalba, terra de boa xente. Xamaraina ten X anos. Panorama. San Xoán en Panxón. San Pedro na Cruzada. Paperas. Civera no Obradoiro. Festas do Carme. Guimaraes. Centenario. Chócala. 10 de Agosto. Feira do viño, comer e beber todo é empezar. Lume. Bautizos, cumpleanos. Samaín. Xoves. Sábados. Penizas Folk. Prácticum III. Santiago de Chile 4. Wertgoña. Macetadas. Entrecot de café París. 7 días en Santiago. Navidade en Compostela. Fin de ano en Luar. Cenas de Nadal. Xamaraina. Diluvios universais. Tempo de cruceiro.  Principio dun fin. Maxisterio. Amigüos tranqüilos. Controladoras en A Guarda. Marmotas e mouchiños. Primo de zumosol. Ochas. As da comisión organizadora. Os meus. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Donde la lluvia es arte.



Dicen que el recuerdo duerme en la retina,
dicen que hay ciudades que desprenden dopamina,
dicen que la luna brilla como nunca
si la miras desde calles donde bailas con la tuna.

Dicen que es coqueta, dicen que enamora,
dicen que hoy es jueves, dicen "hoy salgo sin hora".
Lleva una afición que te canta el miudiño,
lleva la emoción de ser garganta de un equipo.

Dicen ponme otra, dicen en la barra, 
y algunos pasan horas invitando a la más guapa.
Llueve con encanto, llueve por pereza
y vamos conquistando con acento en la maleta.
Rara vez te odio, rara vez me faltas.
No hay ni un peregrino que se marche sin resaca.
Dicen que es un pueblo lleno de otros pueblos,
dicen que no hay nada más bonito que vivir en Santiago.

En Santiago...pensando en ti,
en Santiago, pasarse media vida en Santiago
quedarse media vida pensando en ti.

Dicen que hay dos zonas, que una está más vieja
y es más elegante incluso que la moraleja.
Dicen que hay terrazas llenas de estudiantes,
locos por las tapas y el amor de facultades.

Algo pasionales. Somos algo pasionales. 
Gracias al Pedroso queda sitio en los hostales.
Música en directo, atletas de alameda. 
Casi toco el mar sin probar la carretera.ç

Vi llorar de rabia, vi llorar de pena.
Vi la unión de la plantilla contra la tragedia.
Vi que hay miradores en todas las ventanas.
Vi que hay más parejas tonteando por las plazas.
Vi la humanidad de todo buen gallego.
Vi la relación del vino con el forastero.

Dicen que es verdad, que es de Compostela,
dicen que no hay nada más bonito que vivir en Santiago.
En Santiago...pensando en ti,
en Santiago, pasarse media vida en Santiago,
quedarse media vida pensando en ti.





Fredi Leis




miércoles, 20 de febrero de 2013

41° 54′ 0″ N, 8° 52′ 0″ W

Era junio del 2012. B contoneaba sus caderas por la playa sin importarle el que la gente de alrededor tuviera la vista fijada en ese caminar exagerado. Me vino a la cabeza la canción Las chicas son guerreras y no pude evitar sonreír.
- Y así, queridas amigas – dijo con ese tono elocuente que usaba cuando quería que todas le prestásemos atención – es como se conquista a un hombre. El mensaje tiene que ser ese: “se ve pero no se toca”. Hay que dominar.
Se escuchó una carcajada general. Siempre creí que acabaría siendo presidenta de España con ese talante que usaba en sus discursos.

A enseguida puso el punto de vista romántico a la discusión.

- Eso sirve para los chicos de una noche. En realidad en el amor un hombre es igual a una mujer, buscan exactamente lo mismo.
Me encantaba eso de A, pese a saber perfectamente lo que pasaba a su alrededor siempre guardaba un halo de soñadora que nadie le podía arrebatar, buscaba el amor más allá de lo que nuestra generación pretendía. Quería un amor de película, de esos que rompen estadísticas.

A veces me sigo preguntando como podíamos ser tan amigas siendo tan diferentes. Tal vez eso sea la amistad verdadera, conocer a alguien cuyas ideas te parecen tan absurdas y locas que lo encerrarías en un manicomio y pese a ello quererlo locamente. Fuera lo que fuese allí estábamos las seis, más unidas que nunca. Los 20 años había llegado rápido y bruscamente, como si alguien entrara en tu casa sin llamar por la mañana y estuvieras todavía en pijama. Creo que aún no los habíamos asimilado, por lo menos no de la manera en que lo hicimos al finalizar el verano.

Era junio del 2012 y ya estábamos a 27 grados.

Me encantan las noches de verano. No necesitas medias e incluso sobra la chaqueta. Llevaba un vestido que dejaba ver mis piernas todavía demasiado blancas como para presumir de moreno pero ya con un cierto color. Me faltaban los últimos retoques aunque sabía que acabaría llegando tarde, las doce siempre acababan siendo y cuarto para todas excepto para C que seguía su propio ritmo y optaba por llegar a la una. Y eso en sus mejores días. Hacía tiempo que nos habíamos rendido con ella.


Llegué acalorada. M y B estaban ya esperando pero me recibieron con una sonrisa de todos modos. Supongo que ya intuíamos una buena noche. Creo que era la primera vez en la que estábamos todas solteras y eso creaba un ambiente especial. Aunque todas arrastrábamos los últimos desengaños amorosos como podíamos, habíamos decidido que en esa noche nadie se lamentaría del año anterior.

- Perdonad -La voz de A nos sorprendió a todas, estábamos despistadas, probablemente con alguna tontería de  M- pelea con el armario.

No necesitaba más excusa. Era nuestra clave y todas lo entendíamos. Llegaba con Z que parecía ser la que mejor entendía las “peleas con el armario”, pues miró a A de una manera tan comprensiva que rozaba la maternidad de la que tanto escapaba.

 Me hace gracia pensar en aquello y verla ahora como loca detrás de sus niños con esa cara de felicidad.
L, desastrosamente abrazable

domingo, 27 de enero de 2013

He aprendido que...

los para siempre pueden romperse y los nunca pueden ser mentira. Que la locura se encuentra mejor en una ciudad desconocida, que la noche confunde y el día reconstruye. Que el alcohol mucho mejor si es con moderación, que hace estragos y cura heridas. Que hay amistades que se conservan intactas sin necesidad de cuidados especiales y que hay otras que sin ellos se rompen. Que toda persona es egoísta y mala mientras no demuestre lo contrario. Que la playa en una noche de verano es el lugar perfecto para desvariar y que las horas de sueño siempre se le devuelven a la cama. Que no hay nada mejor que la sonrisa de un niño y que si das, recibes. Que si luchas te repones y que las ganas de vivir se consiguen así, enfrentándose a la vida. Que todo es cuestión de prioridades. Que la buena suerte se tiene. Que hay lecciones que se aprenden y otras que simplemente son lecciones. Que los de verdad permanecen y los pasajeros solo dejan huella. Que si no duelen, no son amigos. Que para llorar hay hombros y para reír tiempo. Que no hay buenos defectos, sino malas virtudes. Que hay tesoros, y hay abuelos. Que las noches son para algo más que dormir. Que mente y corazón deben ir juntos. Que los buenos y los malos a veces se confunden. Que las ganas se hacen. Que dar un abrazo no es saber abrazar. Que la unión hace la fuerza. Que hay momentos, y buenos momentos. Que los hay de fiesta, de lágrimas, de risas, de verdad y de mentira. Que hay lugares y hay recuerdos. Que no es fácil el perdón, y que las espinas atragantan.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Cambiar es...

...la constante en la vida de mucha gente. Sin embargo, por mucho que nos empeñemos, algunas cosas nunca cambian y nos persiguen de por vida. Hay cosas que es mejor asumir y aprender a vivir con ellas para poder prestar atención a aquellas cosas que si pueden cambiarse. "Curar un músculo que lleva tiempo dañado cuesta más que curar una contractura reciente. Lo mismo pasa con las personas. Cambiar algo que forma parte de nuestra vida desde hace mucho, duele. Entonces, a pesar de ese dolor, ¿por qué nos empeñamos tanto en cambiar? Muchas veces son las personas que nos quieren las que nos recuerdan lo que realmente queremos ser y nos empujan al cambio. Otras veces elegimos cambiar porque tenemos miedo a estar equivocados y perpetuarnos en el error o porque sabemos que cambiar es la única manera que existe para dejar de sufrir. Yo antes era diferente. Supongo que más feliz. Sin duda era más joven, más optimista y, sobre todo, menos resentido, pero es que antes no me habían pasado algunas cosas. Es el tiempo el que me ha cambiado. Nadie me preguntó jamás  si yo quería cambiar, si quería ser lo que soy. La vida decidió por mí. La pregunta es: ¿puedo cambiar yo mi vida? Quiero cambiar, sí. Desearía retrasar mi reloj y regresar a ser el que era hace diez años. Pero si algo he aprendido gracias al tiempo es que la mayoría de las veces no es suficiente dejarnos la piel en el intento porque muchas cosas no cambiarán. Por mucho que lo deseemos... Cambiar está sobrevalorado. Lo que de verdad tiene mérito es asumir que eres como eres y soportarte todos los días. Asumir que tu vida es la que es e intentar hacerlo lo mejor posible porque hay algunas cosas que no cambian por mucho que lo desees. Pero, ¿qué hay de lo que sí podemos cambiar? Ahí es donde hay que dejarse la piel."   

Frágiles, cap 7

martes, 13 de marzo de 2012

Sunshine after rain

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=im2SoltmZEc


Why worry, there should be laughter after pain

There should be sunshine after rain

These things have always been the same

So why worry now

martes, 6 de diciembre de 2011

Me acuerdo de ti al olerlo

    Hola,
hoy quizás te he echado de menos y te he querido escribir. No me he atrevido a hacerlo a ti directamente. Si me conoces ya sabrás que peco un poco de cobarde. He creído que si lo hago por aquí y llegas a verlo, te darás cuenta.

   Te cuento que la vida me va bien, o eso intento creer. Me esfuerzo por crecer, y a veces me acuerdo de ti cuando trato de hacerlo. A veces también flaqueo, tampoco voy a negar que sigo teniendo las mismas inseguridades que antaño. Por lo general, trato de reír, de estar feliz y no decaer. Intento disfrutar de la gente con la que estoy y aprender de cada golpe y de cada recompensa.

    Te cuento también que poco a poco estoy encontrando el rumbo de mi vida, me he sentido muy realizada este último mes haciendo lo que en un futuro será mi trabajo, y eso, evidentemente, me ha dado fuerzas para seguir.

    Te cuento… Te cuento que a veces me pongo triste pensando en ti, en lo que ya no es. En lo que no quiero que sea. Te cuento que sigo haciendo ese postre con huevos, harina y yogures de limón. Que me acuerdo de ti al olerlo.



martes, 29 de noviembre de 2011

Noviembre de 2011,

                Corría el año 2011 y un frío invernal sorprendía a una pequeña región del norte. Era el mes de noviembre, el mes de los escorpio y los sagitario, el mes que daba entrada a las compras navideñas, a los sueños de la lotería y a las tabletas del rico turrón. Sí, la gente recuerda el mes de noviembre por eso. No me sorprende, es normal.

                Es un mes especial, como todos. Con sus peculiaridades. Hasta entonces, yo solo he vivido diecinueve noviembres, cada cual diferente, pero hay uno que lo recordaré por siempre. Me refiero a ese en el que nos conocimos. ¿Os acordáis? Yo llegaba con las ganas y los nervios propios del principiante y vosotros me recibisteis con las sonrisas más hermosas del mundo.

              Allí estabais, sentados cada uno en vuestro pupitre verde, vigilados por Pepe Velázquez y esperando conseguir un “aleluya” bajo la atenta mirada de los abuelos que saben tanto. Recuerdo vuestros estuches desperdigados encima de las mesas… “Guardad el taller” decía la profesora. Sí, qué profesora tan guay, llama taller a un lápiz, una goma y unos cuanto bolígrafos, jaja.

                Y aunque dicen que todo lo bueno se acaba ¿sabéis una cosa? Lo bueno nunca acaba si hay algo que te lo recuerda. 

Os quiere, 
Ana!

sábado, 22 de octubre de 2011

13 de Mayo

Puede que nadie lo entienda. Es complicado, quizás imposible. Es especial, como nada en el mundo. Y te sientes bien. Porque sus sonrisas eran perfectas, la música, el lugar… la comida incluso. Había llegado el día. GENIAL, olvidaríamos todo y nos perderíamos entre alcohol, abrazos y baile a tutiplén. Como solo ellas saben hacerlo. Como solo ella nos enseñó.

Y comimos, bailamos y brindamos. Juntas, eso era lo importante. Una noche diez, nada podría definirlo mejor.

Transcurridas  unas horas, con los pies cansados, alcohol en las venas y derroche de amor por todas partes, cambiamos el rumbo. Ahora tocaba salir.

Y a pesar de lo perfecto que era todo algunos desajustes pusieron manchas grises en aquella noche de princesas azules, manchas que poco a poco se fueron aclarando… Violeta, sí, ese era el color. El vino había hecho estragos.