domingo, 27 de enero de 2013

He aprendido que...

los para siempre pueden romperse y los nunca pueden ser mentira. Que la locura se encuentra mejor en una ciudad desconocida, que la noche confunde y el día reconstruye. Que el alcohol mucho mejor si es con moderación, que hace estragos y cura heridas. Que hay amistades que se conservan intactas sin necesidad de cuidados especiales y que hay otras que sin ellos se rompen. Que toda persona es egoísta y mala mientras no demuestre lo contrario. Que la playa en una noche de verano es el lugar perfecto para desvariar y que las horas de sueño siempre se le devuelven a la cama. Que no hay nada mejor que la sonrisa de un niño y que si das, recibes. Que si luchas te repones y que las ganas de vivir se consiguen así, enfrentándose a la vida. Que todo es cuestión de prioridades. Que la buena suerte se tiene. Que hay lecciones que se aprenden y otras que simplemente son lecciones. Que los de verdad permanecen y los pasajeros solo dejan huella. Que si no duelen, no son amigos. Que para llorar hay hombros y para reír tiempo. Que no hay buenos defectos, sino malas virtudes. Que hay tesoros, y hay abuelos. Que las noches son para algo más que dormir. Que mente y corazón deben ir juntos. Que los buenos y los malos a veces se confunden. Que las ganas se hacen. Que dar un abrazo no es saber abrazar. Que la unión hace la fuerza. Que hay momentos, y buenos momentos. Que los hay de fiesta, de lágrimas, de risas, de verdad y de mentira. Que hay lugares y hay recuerdos. Que no es fácil el perdón, y que las espinas atragantan.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Cambiar es...

...la constante en la vida de mucha gente. Sin embargo, por mucho que nos empeñemos, algunas cosas nunca cambian y nos persiguen de por vida. Hay cosas que es mejor asumir y aprender a vivir con ellas para poder prestar atención a aquellas cosas que si pueden cambiarse. "Curar un músculo que lleva tiempo dañado cuesta más que curar una contractura reciente. Lo mismo pasa con las personas. Cambiar algo que forma parte de nuestra vida desde hace mucho, duele. Entonces, a pesar de ese dolor, ¿por qué nos empeñamos tanto en cambiar? Muchas veces son las personas que nos quieren las que nos recuerdan lo que realmente queremos ser y nos empujan al cambio. Otras veces elegimos cambiar porque tenemos miedo a estar equivocados y perpetuarnos en el error o porque sabemos que cambiar es la única manera que existe para dejar de sufrir. Yo antes era diferente. Supongo que más feliz. Sin duda era más joven, más optimista y, sobre todo, menos resentido, pero es que antes no me habían pasado algunas cosas. Es el tiempo el que me ha cambiado. Nadie me preguntó jamás  si yo quería cambiar, si quería ser lo que soy. La vida decidió por mí. La pregunta es: ¿puedo cambiar yo mi vida? Quiero cambiar, sí. Desearía retrasar mi reloj y regresar a ser el que era hace diez años. Pero si algo he aprendido gracias al tiempo es que la mayoría de las veces no es suficiente dejarnos la piel en el intento porque muchas cosas no cambiarán. Por mucho que lo deseemos... Cambiar está sobrevalorado. Lo que de verdad tiene mérito es asumir que eres como eres y soportarte todos los días. Asumir que tu vida es la que es e intentar hacerlo lo mejor posible porque hay algunas cosas que no cambian por mucho que lo desees. Pero, ¿qué hay de lo que sí podemos cambiar? Ahí es donde hay que dejarse la piel."   

Frágiles, cap 7

martes, 13 de marzo de 2012

Sunshine after rain

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=im2SoltmZEc


Why worry, there should be laughter after pain

There should be sunshine after rain

These things have always been the same

So why worry now

martes, 6 de diciembre de 2011

Me acuerdo de ti al olerlo

    Hola,
hoy quizás te he echado de menos y te he querido escribir. No me he atrevido a hacerlo a ti directamente. Si me conoces ya sabrás que peco un poco de cobarde. He creído que si lo hago por aquí y llegas a verlo, te darás cuenta.

   Te cuento que la vida me va bien, o eso intento creer. Me esfuerzo por crecer, y a veces me acuerdo de ti cuando trato de hacerlo. A veces también flaqueo, tampoco voy a negar que sigo teniendo las mismas inseguridades que antaño. Por lo general, trato de reír, de estar feliz y no decaer. Intento disfrutar de la gente con la que estoy y aprender de cada golpe y de cada recompensa.

    Te cuento también que poco a poco estoy encontrando el rumbo de mi vida, me he sentido muy realizada este último mes haciendo lo que en un futuro será mi trabajo, y eso, evidentemente, me ha dado fuerzas para seguir.

    Te cuento… Te cuento que a veces me pongo triste pensando en ti, en lo que ya no es. En lo que no quiero que sea. Te cuento que sigo haciendo ese postre con huevos, harina y yogures de limón. Que me acuerdo de ti al olerlo.



martes, 29 de noviembre de 2011

Noviembre de 2011,

                Corría el año 2011 y un frío invernal sorprendía a una pequeña región del norte. Era el mes de noviembre, el mes de los escorpio y los sagitario, el mes que daba entrada a las compras navideñas, a los sueños de la lotería y a las tabletas del rico turrón. Sí, la gente recuerda el mes de noviembre por eso. No me sorprende, es normal.

                Es un mes especial, como todos. Con sus peculiaridades. Hasta entonces, yo solo he vivido diecinueve noviembres, cada cual diferente, pero hay uno que lo recordaré por siempre. Me refiero a ese en el que nos conocimos. ¿Os acordáis? Yo llegaba con las ganas y los nervios propios del principiante y vosotros me recibisteis con las sonrisas más hermosas del mundo.

              Allí estabais, sentados cada uno en vuestro pupitre verde, vigilados por Pepe Velázquez y esperando conseguir un “aleluya” bajo la atenta mirada de los abuelos que saben tanto. Recuerdo vuestros estuches desperdigados encima de las mesas… “Guardad el taller” decía la profesora. Sí, qué profesora tan guay, llama taller a un lápiz, una goma y unos cuanto bolígrafos, jaja.

                Y aunque dicen que todo lo bueno se acaba ¿sabéis una cosa? Lo bueno nunca acaba si hay algo que te lo recuerda. 

Os quiere, 
Ana!

sábado, 22 de octubre de 2011

13 de Mayo

Puede que nadie lo entienda. Es complicado, quizás imposible. Es especial, como nada en el mundo. Y te sientes bien. Porque sus sonrisas eran perfectas, la música, el lugar… la comida incluso. Había llegado el día. GENIAL, olvidaríamos todo y nos perderíamos entre alcohol, abrazos y baile a tutiplén. Como solo ellas saben hacerlo. Como solo ella nos enseñó.

Y comimos, bailamos y brindamos. Juntas, eso era lo importante. Una noche diez, nada podría definirlo mejor.

Transcurridas  unas horas, con los pies cansados, alcohol en las venas y derroche de amor por todas partes, cambiamos el rumbo. Ahora tocaba salir.

Y a pesar de lo perfecto que era todo algunos desajustes pusieron manchas grises en aquella noche de princesas azules, manchas que poco a poco se fueron aclarando… Violeta, sí, ese era el color. El vino había hecho estragos. 

martes, 27 de septiembre de 2011

AGARRADOS EN UN TAXI SIN DIRECCIÓN

Sentía esa necesidad que tan en el regazo albergaba. Y en cambio, llegado el momento que tanto buscaba, se quedaba sin voz, tan siquiera su hilo de voz se hacía sonar para decirlo en forma de susurro. No sentía, no entendía, y era feliz. Un daño que dolía y que olvidaba en sueños. Agarrados de la mano, un taxi sin dirección, ojos que besaban.

Estaban ebrios. Eso era todo.




miércoles, 7 de septiembre de 2011

Un toque de carmín

Echaba de menos el calor de unos brazos que incondicionalmente la protegiesen, ese aroma especial que la hiciera soñar despierta, el sonido de su teléfono cada cinco minutos diciéndolo todo y nada a la vez. Quería sentirse especial. Ponerse la ajustada minifalda negra que tanto le gustaba, su camiseta holgada caída de un hombro, un toque de carmín en sus labios y ataviarse con su más preciado perfume para así escuchar de nuevo esas palabras que tan feliz hacen a una mujer.