lunes, 19 de junio de 2017

UNA FLOR EN SEPIA ENTRE LAS FLORES.

Era una primera vez apasionante. De esas que hacen de la noche, una noche de reyes de un niño pequeño. Inocente, nervioso por lo que se va a encontrar a la mañana siguiente.

El invierno dejaba paso al mes de las mariposas y del sabor de los chuchameles camino a la escuela. “Aí ven o maio de flores cuberto”, cantaba Curros Enríquez.

Flores, eso fue lo que me encontré en aquel pequeño rincón. Y que bello olor. Las había de todo tipo y colores. Rosas, amarillas, margaritas y geranios. Rojas y blancas. Orquídeas, tulipanes y narcisos. Y entre todas ellas, tú. Un mundo en sepia.

De eses que solo los buenos fotógrafos aprecian. De esas que destacan entre las flores con luz propia. Simple, como un trozo de papel impreso. Llena, como solo la naturaleza lo está.
¡Ay, qué bonito es sacar de ti! Tanto valor dentro… Como esas fotografías de los tesoros, también en sepia, que tanto guardan. Tesoros, digo abuela.

El misterio del que todo el que quiere aprende.


Ellos, el jardín. Tú, la flor. Nosotros, nosotros el sol, el agua y el oxígeno. 

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